Mi nombre es Julián Facundo Rinaudo. Soy antropólogo de profesión y, con el apoyo de AusAID, estoy haciendo la Maestría en Resolución de Conflictos en la Universidad James Cook.
Debo confesar que nunca había disfrutado tanto estudiar. En parte por el tema, pues lo he encontrado apasionante y profundamente útil (no solo a nivel profesional sino también personal), pero también por la orientación práctica del sistema educativo australiano, y el continuo e inacabable apoyo que he encontrado en los profesores, la consejera académica y el contacto entre la beca y la universidad. De muy variadas maneras, todos ellos han sido una motivación e inspiración para perseguir mis intereses cognitivos, profesionales y personales.
La maestría me ha ayudado a reconceptualizar lo que entendía por conflicto. He aprendido que si bien es una constante en la experiencia humana, no es intrínsecamente ni positivo ni negativo. El cómo lo abordemos y manejemos determina los resultados; y así pues, el conflicto puede ser un motor de cambio, mejoría y desarrollo. Mediante una adecuada aproximación al conflicto y una mejor comprensión del otro (sus características, intereses y realidades) podemos evitar sufrimiento humano, coordinarnos mejor para potenciar nuestros esfuerzos individuales y colectivos, y trabajar mancomunadamente hacia una concepción propia, humanista e inclusiva de ese ideal que llamamos desarrollo.
Desde mi arribo, descubrí con gran satisfacción que Australia está llena de oportunidades para el desarrollo personal: voluntariados, locaciones y paisajes espectaculares, simultaneidad de un millar de culturas, comidas exóticas y todo tipo de deportes, llenan la cotidianidad de nuevas experiencias e inesperados acontecimientos.
Por supuesto, no todo es dicha y diversión. La autonomía que se goza en la universidad también implica el constante y arduo trabajo de fortalecimiento de la disciplina y la voluntad; la carga de lecturas, ensayos e investigaciones puede ser abrumadora por momentos; entender el acento australiano toma un tiempo y la brecha lingüística puede en ocasiones alienarte; la familia siempre hace falta y la tierra matria siempre llama. No es fácil, pero todo reto que implica el re-conocerse en un nuevo contexto cultural es un aprendizaje más, y todo aprendizaje es ganancia.
Una de las cosas más difíciles e inesperadas para mí ha sido el presenciar el alto nivel de polarización y discriminación que hay hacia los indígenas, habitantes originarios de Australia. Latinoamérica tiene aun mucho por recorrer en el camino de la multiculturalidad y la inclusión, sin embargo son muchos los avances que 500 años de resistencia cultural y lucha social han logrado. Como latinoamericanos tenemos la oportunidad, y el deber, de mostrar que otra forma de relación intercultural es posible. El puente que AusAID crea con estas becas no debe ser uno de ayuda unilateral, debe ser un proceso en doble vía; uno de aprendizaje mutuo donde colaboremos por la construcción conjunta de conocimiento que aporte al desarrollo integral de este mundo globalizado en el que hemos tenido la fortuna de existir.
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